El primer día de clases, parada frente a los chicos me pregunté cómo pensaba proyectarme a través de mi praxis. La respuesta era obvia: como profesora, de vocación y que había querido ser desde pequeña; me permitiría, a partir de ese instante, aportar todavía un granito de arena a la construcción y transformación de un mundo mejor.
El arte de educar no podrá librarte de los momentos duros. No hará que tu clase sea menos numerosa ni corregirá los exámenes; no preparará por ti las lecciones ni mejorará a los alumnos. Pero ofrece consejos alentadores y realistas para que cuides de ti mismo, saques a la luz lo mejor de tus alumnos y reconozcas y respetes el poder que tienes para cambiar sus vidas.
Porque como dice el escritor Eduardo Galeano en “EL LIBRO DE LOS ABRAZOS” -El mundo es eso. Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende…
Permitamos a nuestros niños y niñas emitir su propio fueguito…..








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